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miércoles, 9 de noviembre de 2016

ILUMINEMOS DESDE DENTRO

(Jesús dijo:) Les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. Juan 17:26
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12


Hace algunos años se cambió la iluminación de la torre Eiffel. En lugar de los enormes proyectores que iluminaban su fachada exterior, un gran número de pequeños proyectores, instalados en el interior de los armazones, iluminan cada uno de sus elementos. ¡El resultado es impresionante, pues la torre no solo se ve iluminada, sino que parece como si de ella misma saliese luz!

Al constatar este cambio, un predicador dijo: «Ahora la luz viene del interior; y es mucho más hermoso. Esto es lo que necesitamos en nuestros corazones. Necesitamos la luz de Cristo en nosotros, para que la gente, al vernos, sepa que Jesucristo vive en nosotros».

Y continuó diciendo a su auditorio: «¿Conoce usted a Jesucristo? ¿Ha iluminado él su ser interior? ¿Vive en su corazón? Lo que el sol hace en la naturaleza, Cristo puede hacerlo en su vida espiritual. Un hombre sin Dios es como alguien que camina palpando en la oscuridad. Pero Jesús quiere entrar en su vida, iluminar sus pensamientos, permitirle actuar como él, controlar sus palabras, su comportamiento».

Entonces el creyente tendrá luz en sí y reflejará la claridad divina. Jesús declara: “Yo soy la luz del mundo”, y también: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). Cuando nos volvemos hacia Jesús, empezamos a reflejar su luz.


“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

sábado, 15 de octubre de 2016

ADMIRADOR DE POR VIDA

Cade Pope, un niño de doce años, envió por correo 32 cartas manuscritas; una para cada directivo de la Liga Nacional de Fútbol (NFL) de los Estados Unidos, en la que decía: «A mi familia y a mí nos encanta el fútbol. Participamos en las competiciones del fútbol de fantasía por Internet y miramos los partidos todos los fines de semana […]. ¡Estoy listo para elegir un equipo para alentar por el resto de mi vida!».

El dueño del equipo Carolina Panthers le contestó con una nota también manuscrita, que empezaba diciendo: «Sería un honor que nuestro [equipo] sea tu equipo. Te sentirás orgulloso de nosotros». Esa carta no solo fue personal y afectuosa… fue la única respuesta que recibió. Por supuesto que Cade se convirtió en un fiel aficionado de los Carolina Panthers.


En el Salmo 86, David habló de su lealtad al único Dios verdadero: «En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes. Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses» (vv. 7-8). Nuestra devoción a Dios se origina en su carácter e interés por nosotros. Él es quien contesta nuestras oraciones, nos guía por su Espíritu, y nos salva por medio de la muerte y la resurrección de su Hijo Jesucristo. Por eso, merece nuestra lealtad para toda la vida.